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Este blog intenta recopilar ideas, textos, informaciones concernientes al mundo de la comunicación, la política y demás intereses, que me pertenecen y también a quienes colaboran y leen a diario este ensayo de blog! Pasen y vean!!!

lunes, 8 de marzo de 2010

La Presidenta sexy

 Por Juan Carlos Volnovich, de Página 12.

en el momento de jurar como Presidenta de los argentinos, Cristina anticipó que, seguramente, a ella le iba a resultar más trabajosa su función por el hecho de ser mujer. No pudo avizorar, entonces, hasta qué punto la presidencia iba a convertirse en una misión imposible. No sólo por su condición de mujer. No por victimizarse detrás de una identidad devaluada, sino por ser mujer a su manera. Mujer sin atenuantes que ejerce sin atenuantes el Poder. Hay en eso algo más que una cuestión de estilo. "Mujer sexy en el máximo poder de la Nación" es un problema de estructura. Y tal pareciera ser que esa característica despierta un plus de odio. Se vuelve insoportable. De modo tal que esa ira visceral no se explica sólo como reacción a una política equivocada o respuesta indignada por la desilusión o la defraudación, no se agota en las razones. Lo insoportable se funda en la evidencia de una mujer sexuada que ejerce el Poder sin disimulo: que no apela a los estereotipos maternales que pudieran dulcificar su gestión. En ella, ese amor hacia los hijos no se vuelve virtud pública. Cristina renuncia a una abnegación que bien pudiera aligerarla y, así, toma distancia de un modelo Bachelet o de un modelo Angela Merkel, tan protectoras, ellas; tan maternales, tan trajecito sastre, tan antídoto contra la lujuria. Lejos de instalarse en el camino de una reina madre, de una reina virgen, elude ese otro prejuicio patriarcal que supone a las mujeres tontas pero sabias para la intriga y, sobre todo, expertas en el usufructo vicario del poder masculino. No es una Isabelita, ni tampoco una Evita, gorrión del General, que vive sólo para él y por él y que, llegado el caso, renuncia a los honores pero no a su puesto de lucha.

Cristina no es una Hillary Clinton frustrada en el momento de dar el gran salto. Tampoco, una Margaret Thatcher o una Golda Meier virilizadas por la función y administrando el poder de la misma manera que pudiera hacerlo un hombre.

Cristina es una mujer sexualmente atractiva, que tiene hijos y tiene marido. (No un príncipe consorte ni un padrino protector). Y, además, ejerce el Poder Supremo de la Nación y no elude, no seduce, no apela a las "malas artes" femeninas, no se refugia detrás de los varones poderosos y, para colmo, levanta el dedo como Lenin. Ella ejerce el poder y nos hace saber en cada momento quién es la que manda mientras genera como respuesta ese interrogante airado de "¿Pero... quién se cree que es?" Y no se trata de una creencia ni de un problema ontológico. Ella no es pero sabe muy bien que está en el ejercicio de la Presidencia de la Nación y... nos lo recuerda.

De modo tal que no son los enemigos los que cuentan. Después de todo ¿qué político no tiene enemigos, adversarios, contrincantes? Pero esa ira irracional que le hace perder la compostura a la gente "bien", ese exceso de indignación, ese "no me la banco", "no la soporto", "la detesto", viene de otra parte. Ese plus de odio habita en aquellos que se sienten agraviados, testigos involuntarios de valores mancillados. Son las consecuencias, inevitables, de una estructura patriarcal resentida en sus cimientos cuando una mujer sexy, no madre, no puta, no macho, nada tonta, se ubica en la punta de una pirámide jerárquica.

* Psicoanalista


JOAQUIN DANIEL CASTAÑO.
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viernes, 12 de febrero de 2010

Elogio a la mujer brava.

Elogio a la mujer brava


abad-hector
Por Héctor Abad 


Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.


A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso. Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!

miércoles, 6 de enero de 2010

Y LLEGO EL 2010!!!

Que éste año, venga con un poco de tranquilidad y cordura. Cosa que el anterior se olvidó bastante!!
Lo mejor para todos ustedes y su entorno!!!
Gracias!!

lunes, 14 de diciembre de 2009

A PROPÓSITO DE LOS POMAR Y LA MALDITA POLICIA.

A PROPÓSITO DE LOS POMAR Y LA MALDITA POLICIA.

UNA MIRADA DIALÉCTICA DE LAS CAUSAS Y SOLUCIONES AL PROBLEMA DE LA INSEGURIDAD


Por Dr. Hernán Jaureguiber y Bernardo Alberte (h)

 

 

El llamado "misterio de los Pomar" nos ha brindado una muestra mas de nuestra patética realidad.

Hallados los cuerpos y el automóvil a la vera del camino, en el lugar mas obvio para encontrarlos a las pocas horas del accidente, su demora de 24 días es la muestra mas palmaria del siniestro accionar policial y de su descontrol.

Huelgan las palabras para describir la inutilidad de las fuerzas policiales para cumplir sus elementales tareas.

¡Que huérfanos de musas inspiradoras han quedado quienes se atrevan a abordar el genero literario de la novela policial.!

Lejos del genial Sherloock Holmes, nuestros sabuesos han demostrado que sólo tienen olfato para la muzzarela y los delitos de la prostitución y el narcotráfico, claro que en estos  casos como socios del crimen.

Las autoridades políticas, muestran su inaniedad de recursos para conducir a los delincuentes de uniforme.

Estas líneas no intentan teorizaciones sobre criminología,  ni recetas contra la inseguridad, porque sus autores no tienen el conocimiento para brindarlas.

Sin embargo, sumando todos los casos irresueltos de investigación, prevención y represión del delito, resulta evidente que los agentes del órden vernáculos, únicamente sirven para reprimir protestas estudiantiles, sociales o desórdenes en recitales,  sin siquiera lograr los básicos fines de dispersión de la multitud, pese a que en sus fallidos intentos, siempre despuntan su vicio de golpear salvajemente a individuos desarmados.

A la lista de fracasos policiales debe agregarse la impunidad y el escándalo en el procedimiento,  que incluye sospechar a las propias víctimas, citando por caso,  el del padre de la niña Sofía, detenido y sospechado al igual que ocurrió con Fernando Pomar durante estos 24 días.
Que decir del destino del testigo Julio López. O de José Luis Cabezas. O de la Masacre de Ramallo. O el crimen de Kosteky y Santillán. Siempre la maldita policía involucrada directa o indirectamente. Imposible no sumar a la lista las vinculaciones en el caso AMIA en donde se sospecha del Comisario Palacios, devenido en la respuesta del Jefe de Gobierno Porteño para garantizar seguridad a sus vecinos.

Y entonces, frente al reclamo incesante de sectores de la población clamando ¡ SE-GU-RI-DAD, SE-GU-RI-DAD¡ resulta una obviedad concluir que no puede esperarse un éxito en la materia, contando como sujetos activos de las medidas reclamadas a estos agentes impresentables.

¿Cuantas muestras mas se precisan para saber que quiénes deben garantizar la seguridad, no saben absolutamente nada sobre el tema, ni son idóneos y además están involucrados en los peores crímenes que deberían combatir.?

No se trata de razones ideológicas de izquierda o derecha, como podría suponer un análisis sobre las causas del delito;  o la necesidad (o vocación) de algunos sectores de reprimirlo a costa de cualquier medio.

Se trata simplemente del análisis de la segunda opción, no respecto de su legitimidad ética, sino de su efectividad, aún prescindiendo de la exégesis moral.

Darle mas poder de fuego o de operatividad a los elementos policiales, es como darle un cuchillo a un simio, que sin dudas atacará a cualquiera,  incluido su amo.

De quienes no encuentran a 4 cuerpos disperdigados en 40 Km, mal puede esperarse que encuentren a un asesino y mucho menos que lo aprehendan en movimiento.

Es inconsistente cualquier argumento que se dirija únicamente contra las autoridades civiles para fundar el descontrol de estas fuerzas, puesto que las condujeron desde menemistas fiesteros, hasta militares fascistas como el caso Rico, llegando a recontras derechosos como Macri,  que se topa desde el inicio con el nada fino de Palacios y sus escandalosos espionajes sin poder controlarlo. Tampoco resultaron acertadas las políticas cuasi-progresistas como las intentadas por Arslanian, Juanpi Cafiero, entre otros.

Es notorio que no depende de la conducción política, ni judicial, porque no esperarán que un ministro reemplace al custodio de una sucursal bancaria mientras este manda mensajes de texto en vez de estar atento a la circulación de personas.

Como tampoco puede pedírsele a la fiscal que recorra, a pie o a caballo,  los 40 Km. donde fueron encontrados los cuerpos de los desdichados Pomar.

Se podrá decir que las fuerzas deben ser purgadas, pero resulta a todas luces una tarea, por lo menos,  sumamente extensa en tiempo que no evacuará las necesidades urgentes de los atemorizados clamantes de seguridad.

Por lo demás,  la nobel policía de la Ciudad de Buenos Aires, es el caso mas patente de la imposibilidad de la purga,  cuando la corrupción existe antes de que nazca la criatura.

Por lo tanto es notorio que, si existen soluciones, estas no son sencillas ni pueden ejecutarse con la celeridad que espera parte de la población, mediante reclamos amplificados por los tendenciosos medios de comunicación.

Estamos frente a un problema serio, que no parece de breve resolución.

Entonces, admitiendo que la apuesta es a largo plazo se impone el deber de analizar si no es mas conveniente (por supuesto que además de ético) suprimir las causas que producen el delito antes que atacar al hecho ya consumado, puesto que esta tarea, aunque lenta también,  parece menos difícil que enderezar a las fuerzas policiales.

EL PROBLEMA NO ES LA POBREZA SINO LA RIQUEZA


Llegado al punto de buscar las causas del delito, cada uno mira para el lado que le parece  y algunos para cualquier lado.

A nuestro criterio se equivocan quienes señalan la causa principal del delito en la droga, puesto que drogones hay en todas partes y sin embargo, no siempre en esos lugares existe el mismo tipo de delito que alarma a la clase media argentina. Aún en la clase media local, corre falopa a lo pavote,  sin perjuicio de lo cual no todos los faloperos de medio pelo, asesinan ancianas o catequistas, aunque muchos viciosos bursátiles o de otras disciplinas cometan delitos graves como vaciamientos de empresas, tráfico de medicamentos truchos, etc., Pero eso es "harina de otro costal."

Tampoco aciertan quienes apuntan a la falencia educacional, mientras ellos mismos o su prole, escriben con errores de ortografía o ignorando las efemérides básicas de nuestro calendario, aunque tengan aprobadas sus étapas educativas primarias y medias o inclusive terciarias.

Los brutos, cometen un sin fin de equivocaciones, entre otras, adherir con facilidad a cualquier consigna facilista, arreados por sus miedos y por los medios de comunicación masivos. Sin embargo, tampoco salen a asesinar a mansalva, a tontas y a locas.

Finalmente, y a veces con buena voluntad, muchos señalan a la pobreza como causante del brote de violencia, amparados en la estadística ligera que muestra a los pibes chorros como estereotipados en personas humildes.

Y frente a esta estadística, mas o menos veraz, están los que concluyen que hay que acabar con la pobreza y los que con cinismo sostienen que hay que acabar con los pobres (aunque no se diga directamente, estamos convencidos en la numerosidad de este último segmento de opinión.)

Pero bien, sin querer polemizar con estas opiniones, advertimos que la pobreza no es, en si misma,  la causa de tanta violencia, aunque esta la protagonicen a simple vista los pobres.

A mayor abundamiento, muchos de los crímenes recientes, son cometidos por individuos de clase media baja y no por el último escalón social, de lo cual debe descartarse el delito famélico.

La pobreza se encuentra en relación dialéctica con la riqueza y es en este vínculo en donde debemos depositar la síntesis.

En Cuba, mal que le pese a la gusanada, no hay índices delictivos severos, como tampoco los hay en la Suecia Socialdemócrata ni en la Suiza Ultra capitalista.

En uno habrá balseros y jineteras, pero no chorros. En otro, hay suicidios, pero no homicidios a quemarropa por una moto o un celular.

Cómo rezaba el memorable tango de José María Aguilar, aquel guitarrista de Gardel, que con aguda ironía advertía en la crisis del 30 que "...el ladrón es hoy decente, a la fuerza se hizo gente, ya no encuentra a quien robar; y el honrao se ha vuelto chorro porque en su fiebre de ahorro, él se afana por guardar..."

Mas acá en la geografía y mas allá en la historia, en las décadas del 40, 50, 60 y 70, superada la crisis del '30 que abordó el poeta mencionado, (mas allá de los crímenes políticos), no encontramos antecedentes que se parangonen con el problema actual, pese a que, como lamentablemente opinó Menem, pobres siempre existieron.

Y es cierto. Mas o menos, pero pobres siempre existieron en las pampas.

Lo que no existía entonces, era la exposición impúdica de la riqueza, sustentada no solo por poderosos ricachones, sino por clasemedieros con un poco de viento a favor y mucho de negocio non sancto.

Basta con encender el televisor para tener como única realidad a vedetongas con autos descapotables, romances confesados al calor del dinero, conductores con muy poco glamour y mucho de estruendo.

Ascensos sociales con poco merito y con bastante desparpajo en cuanto a la fuente inmoral del mismo.

Si con solo recorrer un barrio de clase media porteño, cualquiera se dá cuenta que, cualquiera,   tiene un auto cero kilómetro o una casa que sus padres o abuelos laboriosos no pudieron conseguir al cabo de un vida de trabajo.

Y frente a esta vidriera, la pobreza. La misma que antes,  pero mas extensa en su número y mas ansiosa de tomar revancha por un destino que no pudieron evitar.

Repetimos. En las escuelas públicas, a las que concurrimos los firmantes de esta nota, también había chicos pobres llegados de villas de emergencias cercanas, pero todos jugábamos con las mismas bolitas junto al hijo del médico y el portero.

Además, las villas se concebían como lo decía su nombre, en una situación de emergencia y no en un destino inexorable..

Y el que tenía un poco mas, lo vivía con recato, aunque conciente de la diferencia, no abusando hasta el hartazgo de ella.

Por lo tanto y como llegamos al desenlace de estas líneas,  pensamos que el problema del delito, si este guarda relación con la pobreza,  no se soluciona eliminando pobres, sino curando la pobreza y esta última no tiene remedio si no se ataca a la riqueza.

Son los ricos, no solo en su apropiación, los que producen pobres, tanto por lo que le sacan al miserable,  como en la impotencia que en este provocan.

A nadie le gusta ver comer caviar a un semejante, mientras él solo procura un mendrugo.

Nadie soporta con equilibrio ser maltratado en su intento de limpiar un parabrisas de un auto que jamás podrá adquirir y que la publicidad lo muestra como una condición indispensable para ser feliz.

No hace mucho, una publicidad de automóvil mostraba a un horrible narigón, acompañado de una cálida señorita, mientras le dejaba una propina a otra persona igualmente narigona que servilmente le habría las puerta del flamante rodado. En la ocasión el primero se compadecía de la triste situación del segundo, confesando que el coche que adquirió le cambió su autoestima.

Mensaje publicitario vomitivo por donde quiera mirarse.

Nada bueno puede esperarse de una sociedad así concebida.

Aunque eliminen pobres físicamente, otros tantos aparecerán si el sistema consiste en la producción de estos.

Y si del resentimiento se trata, ningún futuro promisorio puede esperarse si quienes lo producen, no echan mano a la humildad en vez de pensar en tanta violencia represiva para paliar lo que ellos mismos generan por su propia naturaleza.

En síntesis, el problema no es la pobreza, sino la riqueza.

La solución no radica en atacar a los humildes, sino en bajarle el copete a los fanfarrones embriagados de bienestar económico.

No ingresar a las villas para encontrar delincuentes, sino ingresar a la AFIP para descubrir ingresos de dinero ilícitos mas importantes que las obtenidas en un arrebato callejero.

No detenerse tanto en el episodio del robo de un automóvil, cómo en la comercialización de las autopartes, efectuadas en lugares bien visibles y consumidos por conciente clientela que no le importa el origen sangriento de lo que pagan mas barato.

No horrorizarse tanto con el patotero, tan difícil de buscar en la multitud, sino con el jefe de la patota, tan fácil de descubrir en las jefaturas de sindicatos.

Estas no son mas que sugerencias no taxativas, pero ejemplificativas para pensar en los verdaderos culpables de tanta violencia y encontrar soluciones, no tan ligeras como las que suponen el grito vacío de SE-GU-RI-DAD, pero mas duraderas y éticas como edificar una sociedad justa, libre y soberana. Consolidada esta sana realidad, la consecuencia será esa seguridad a la que todos anhelan pero que no todos merecen.

Dr. Hernán Jaureguiber;

Bernardo Alberte (h)



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JOAQUIN DANIEL CASTAÑO.
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jueves, 3 de diciembre de 2009

Blog "IL Corvino"

Aprovecho esta ocasión para recomendar un blog que tiene notas interesantes. El blog se llama "il Corvino" y trata temáticas actuales, sociales, culturales y también incursiona en la crítica musical, toménse un tiempito y lo van a disfrutar.
Este enlace es imperdible:
http://ilcorvino.blogspot.com/2009/11/autoayuda-imperativa.html

lunes, 23 de noviembre de 2009

Los multimedios y los multimiedos

22-11-2009 /  En la pelea por sembrar la inseguridad, Clarín saltó de policiales a vida cotidiana. La
manipulación llega al extremo de poner en boca de un psiquiatra su línea editorial: "La gente tiene la sensación de que el país es una hecatombe", tal como en la crisis de 2001.



 
Por Eduardo Anguita

Desde la muerte de Roberto Noble, el fundador y director de Clarín entre 1945 y 1968, ese diario fabricó inseguridad en períodos democráticos y se alineó con los dictadores de turno. Osvaldo Bayer revistaba como jefe de la sección Política por decisión de Noble desde el gobierno de Arturo Frondizi. La elección recayó en Bayer, precisamente por sus ideas de izquierda. Fue en 1970, apenas asumía el general Roberto Levingston como relevo del mesiánico Juan Carlos Onganía, que Clarín publicó, en una nota, que alguna decisión del dictador estaba más influida en los excesos de alcohol que en los derechistas criterios castrenses. Para Ernestina Herrera, viuda de Noble y al frente del diario, se trató de una irreverencia imperdonable. A tal punto que ella invitó al edificio de la calle Tacuarí al mismísimo Levingston y luego visitaron juntos la redacción. La directora no perdió el tiempo y retó a Bayer en presencia del dictador. Desde ya, fue sacado de la jefatura de Política.
Ese hecho resultaría una anécdota más si no hubiera sido parte de una política empresaria destinada no sólo a legitimar a los gobiernos de facto sino a darles apoyo mediático a los usurpadores a cambios de serias ventajas empresarias. Cuando irrumpió la feroz dictadura de Jorge Videla, el encargado de la relación con los medios era el secretario general de la Presidencia, el general José Rogelio Villarreal. Este hombre clave de la cúpula dictatorial había sido jefe de la V Brigada de Monte en operaciones en Tucumán durante el llamado Operativo Independencia. Tenía como segundo en la Secretaría General a Ricardo Yofre, un operador civil que lo acompañaba en la búsqueda de oxígeno para que el plan de exterminio y de entrega del patrimonio tuviera cómplices de saco y corbata y no sólo de cascos y botas.
El prolongado silencio de Clarín sobre los crímenes y desapariciones tuvo algunas grietas a partir de Malvinas. Es decir, durante seis largos años sus páginas hicieron caso omiso de crónicas de sangre y disparos. Y para que hubiera un correlato con esa política editorial, la sección Policiales tenía una página fija a cargo del histórico periodista especializado en el tema, Enrique Sdrech. Además, el diario tenía un acreditado en la Policía Federal que, desde ya, no hurgaba en los verdaderos crímenes que se cometían en el ámbito de esa fuerza, sino que transmitía las gacetillas emergentes del departamento de Prensa.
Una investigación del periodista Enrique Vázquez, emitida por el entonces canal ATC en 1985, reveló que en los primeros meses del gobierno de Raúl Alfonsín, Clarín multiplicó las páginas policiales. En efecto, a principios de 1984, la sección Información General cedió cuatro páginas a Policiales y también cuatro periodistas se sumaron a esa sección. No hay que ser un experto en psicología social para saber lo fácil que es hacer crecer la sensación de inseguridad con el simple hecho de aumentar el volumen y la circulación de noticias policiales. Cuando el robo de un auto deja de ser una estadística delictiva para convertirse en un suceso singular, el imaginario colectivo percibe que eso invade su propio entorno.
Para la doctrina de la seguridad nacional cualquier acontecimiento social o político tiene que ser registrado como un riesgo para el país y cualquier decisión de gobierno es un tema de Estado. Por el contrario, en las democracias hay conflictos y diferencias, única manera de que los postergados hagan valer sus voces y, cada tanto, sus propios intereses. Clarín tomó posición apenas llegada la dictadura: quiso construir la noticia policial como un hecho maldito de las democracias. Según esa lógica, la inseguridad es una consecuencia inevitable de la indulgencia de los políticos débiles.
En una lectura ligera, algunos interpretan que "rociar sangre" en la tapa es una manera de vender más ejemplares. Eso es una excusa, al menos para Clarín, un diario generalista, con una redacción fuerte en política, economía y cultura, temas y secciones que interesan a los lectores de las capas medias, que constituyen el público tradicional de Clarín.


Medios, clase media e inseguridad. Desde el surgimiento de los diarios masivos, en la segunda mitad del siglo XIX, funcionó el paradigma de que los temas policiales y pasionales, con fotografías escabrosas y titulares catástrofe, funcionaban para los públicos proletarios y las capas menos instruidas de la sociedad. Eso funcionaba con la premisa de que sólo un sector –la vanguardia consciente– de las capas populares se constituía en lector de diarios. Por la cantidad de horas que demanda y por la abstracción que supone leer artículos sobre hechos de Palacio o las tendencias de la economía mundial. Es más, el formato de diario tabloide con pocas páginas fue muy funcional para la lectura durante el viaje en tren, subterráneo y hasta en colectivo. Crónica fue el diario obrero masivo de la Argentina. Su dueño y director histórico, Héctor Ricardo García, no pretendía medrar con la "sensación de inseguridad", sino que daba un menú en el cual el turf, la lotería y las policiales acompañaban algunas noticias de política que sí interesaban al mundo proletario. Cuando Crónica decía que los salarios no alcanzaban a cubrir la canasta básica, sonaban todos los teléfonos. No así si salía en tapa la foto de una mujer descuartizada. La mejor expresión de que los temas policiales no estaban asociados a generar inseguridad es que esa palabra no era parte del lenguaje periodístico de entonces. García editó, con éxito masivo, el semanario Así, cuyo motor eran las fotos provistas por los departamentos de Prensa de las policías Bonaerense y Federal, o se valía de anticipos de los comisarios para que desde la redacción de la calle Azopardo salieran los autos con los fotógrafos. Para tener dimensión de este fenómeno, en los sesenta, Así salía dos veces por semana –jueves y domingos– y vendía la friolera de medio millón de ejemplares. Las catástrofes, los crímenes amorosos o los tiroteos de policías y hampones, por esos años, no constituían para nada parte del inflamado y paranoico mundo de "la inseguridad".
El jueves pasado, Clarín sacaba en tapa un curioso enfoque sobre los problemas de la Argentina. El matutino –locomotora tras la cual van TN, Canal 13, Radio Mitre, la web y tantas otras cosas– tituló en tapa: "Pacientes que repiten síntomas de la crisis de 2001". Con visión catástrofe, un artículo sin rigor alguno, advierte que "la gente" ya empieza a tener síntomas de estrés o de gastritis o de pánico que se deben (¡lea bien!) a "la incertidumbre, el escepticismo y el miedo a ser la próxima víctima". Pone luego, en boca de un psiquiatra: "Como en 2001, la gente tiene la sensación de que el país es una hecatombe".
Es decir, los marcianos están entre nosotros. Pero ya no se trata de la emisión histórica de La guerra de los mundos por parte de Orson Welles que provocó pánico en la audiencia. Aquel programa de radio se estudia en todas las carreras de Periodismo o Sociología como la capacidad que tienen los medios de sugestionar y asustar. Era una dramatización, basada en la novela homónima de H. G. Wells. Era también una provocación. Una advertencia del mundo manipulado que suponía la radiofonía. Hoy puede leerse como un hecho anticipatorio.
Tanto "miedo a ser la próxima víctima" llevó a cientos de miles de ciudadanos que vivían en barrios donde había pobres y no tan pobres a vivir en "barrios cerrados". Les engordaron el bolsillo a varios especuladores con tierras en zonas marginales. Ahora viajan dos horas en autopista y llegan histéricos al trabajo. Se enteran de que las agencias de seguridad privada los vigilan a ellos muchas veces en cambio de cuidarlos. También les meten alarmas y cortacorrientes a sus autos y entonces los delincuentes ya no se valen de escruches sino que los encañonan para llevarse el vehículo en marcha. En fin, ese homo timorens, fruto del homo videns, no es sólo una construcción mediática. Es parte de un negocio maldito: presionar a los gobiernos con enfermar a la gente de lo que ellos llaman las enfermedades del momento: incertidumbre y escepticismo.




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